Y el que se encamina en el mundo sin reflexionar si su camino es bueno o no, se asemeja el ciego que camina por las orillas del rio, que su peligro está más próximo que su salvación pues la falta de cuidado por la ceguera natural o por la voluntaria, o sea cerrar los ojos por propia decisión y voluntad son una sola cosa.
Y he aquí que Jeremías se quejaba sobre la maldad de sus contemporáneos, por estar afectado de esta condición al apartar sus ojos de sus hechos y no analizar si continuar o abandonarlos y decía sobre ellos: “Ningún hombre se arrepintió de su maldad diciendo: qué he hecho yo? todos volvieron a sus carreras como el caballo se arrebata, hacia la batalla” (Jeremías 8-6), o sea que se encaminaban en la prisa de su costumbre sin conceder el tiempo a sí mismo para analizar su conducta y camino, y caían en el mal sin siquiera verlo.

