Y he aquí que Jeremías se quejaba sobre la maldad de sus contemporáneos, por estar afectado de esta condición al apartar sus ojos de sus hechos y no analizar si continuar o abandonarlos y decía sobre ellos: «Ningún hombre se arrepintió de su maldad diciendo, que he hecho yo todos volvieron a sus carreras como el caballo se arrebata, hacia la batalla», o sea que se encaminaban en la prisa de su costumbre sin conceder el tiempo a sí mismo para analizar su conducta y camino, y caían en el mal sin siquiera verlo.
Por cierto es unas de las artimañas del mal instinto y su astucia la de multiplicar su influencia en forma constante en el corazón de los hombres hasta que no les quede un momento para reflexionar y analizar el camino por el que transitan, pues sabe que si pondrían su atención aun ínfima en sus caminos seguramente en forma inmediata se comenzara a arrepentir de sus hechos y este arrepentimiento ira cobrando vigor hasta abandonar definitivamente el pecado.

