Meguilat Rut y su comentario basado en las explicaciones del Malbim.
פרק ד א-יב
א וּבֹ֨עַז עָלָ֣ה הַשַּׁעַר֮ וַיֵּ֣שֶׁב שָׁם֒ וְהִנֵּ֨ה הַגֹּאֵ֤ל עֹבֵר֙ אֲשֶׁ֣ר דִּבֶּר־בֹּ֔עַז וַיֹּ֛אמֶר ס֥וּרָה שְׁבָה־פֹּ֖ה פְּלֹנִ֣י אַלְמֹנִ֑י וַיָּ֖סַר וַיֵּשֵֽׁב׃ ב וַיִּקַּ֞ח עֲשָׂרָ֧ה אֲנָשִׁ֛ים מִזִּקְנֵ֥י הָעִ֖יר וַיֹּ֣אמֶר שְׁבוּ־פֹ֑ה וַיֵּשֵֽׁבוּ׃ ג וַיֹּ֨אמֶר֙ לַגֹּאֵ֔ל חֶלְקַת֙ הַשָּׂדֶ֔ה אֲשֶׁ֥ר לְאָחִ֖ינוּ לֶֽאֱלִימֶ֑לֶךְ מָֽכְרָ֣ה נָֽעֳמִ֔י הַשָּׁ֖בָה מִשְּׂדֵ֥ה מוֹאָֽב׃ ד וַֽאֲנִ֨י אָמַ֜רְתִּי אֶגְלֶ֧ה אָזְנְךָ֣ לֵאמֹ֗ר קְ֠נֵה נֶ֥גֶד הַיֹּֽשְׁבִים֮ וְנֶ֣גֶד זִקְנֵ֣י עַמִּי֒ אִם־תִּגְאַל֙ גְּאָ֔ל וְאִם־לֹ֨א יִגְאַ֜ל הַגִּ֣ידָה לִּ֗י וְאֵֽדְעָה֙ כִּ֣י אֵ֤ין זוּלָֽתְךָ֙ לִגְא֔וֹל וְאָֽנֹכִ֖י אַֽחֲרֶ֑יךָ וַיֹּ֖אמֶר אָֽנֹכִ֥י אֶגְאָֽל׃ ה וַיֹּ֣אמֶר בֹּ֔עַז בְּיוֹם־קְנֽוֹתְךָ֥ הַשָּׂדֶ֖ה מִיַּ֣ד נָֽעֳמִ֑י וּ֠מֵאֵת ר֣וּת הַמּֽוֹאֲבִיָּ֤ה אֵֽשֶׁת־הַמֵּת֙ קָנִ֔יתָ לְהָקִ֥ים שֵׁם־הַמֵּ֖ת עַל־נַֽחֲלָתֽוֹ׃ ו וַיֹּ֣אמֶר הַגֹּאֵ֗ל לֹ֤א אוּכַל֙ לִגְאָל־לִ֔י פֶּן־אַשְׁחִ֖ית אֶת־נַֽחֲלָתִ֑י גְּאַל־לְךָ֤ אַתָּה֙ אֶת־גְּאֻלָּתִ֔י כִּ֥י לֹֽא־אוּכַ֖ל לִגְאֹֽל׃ ז וְזֹאת֩ לְפָנִ֨ים בְּיִשְׂרָאֵ֜ל עַל־הַגְּאֻלָּ֤ה וְעַל־הַתְּמוּרָה֙ לְקַיֵּ֣ם כָּל־דָּבָ֔ר שָׁלַ֥ף אִ֛ישׁ נַֽעֲל֖וֹ וְנָתַ֣ן לְרֵעֵ֑הוּ וְזֹ֥את הַתְּעוּדָ֖ה בְּיִשְׂרָאֵֽל׃ ח וַיֹּ֧אמֶר הַגֹּאֵ֛ל לְבֹ֖עַז קְנֵה־לָ֑ךְ וַיִּשְׁלֹ֖ף נַֽעֲלֽוֹ׃ ט וַיֹּאמֶר֩ בֹּ֨עַז לַזְּקֵנִ֜ים וְכָל־הָעָ֗ם עֵדִ֤ים אַתֶּם֙ הַיּ֔וֹם כִּ֤י קָנִ֨יתִי֙ אֶת־כָּל־אֲשֶׁ֣ר לֶֽאֱלִימֶ֔לֶךְ וְאֵ֛ת כָּל־אֲשֶׁ֥ר לְכִלְי֖וֹן וּמַחְל֑וֹן מִיַּ֖ד נָֽעֳמִֽי׃ י וְגַ֣ם אֶת־ר֣וּת הַמֹּֽאֲבִיָּה֩ אֵ֨שֶׁת מַחְל֜וֹן קָנִ֧יתִי לִ֣י לְאִשָּׁ֗ה לְהָקִ֤ים שֵׁם־הַמֵּת֙ עַל־נַ֣חֲלָת֔וֹ וְלֹֽא־יִכָּרֵ֧ת שֵׁם־הַמֵּ֛ת מֵעִ֥ם אֶחָ֖יו וּמִשַּׁ֣עַר מְקוֹמ֑וֹ עֵדִ֥ים אַתֶּ֖ם הַיּֽוֹם׃ יא וַיֹּ֨אמְר֜וּ כָּל־הָעָ֧ם אֲשֶׁר־בַּשַּׁ֛עַר וְהַזְּקֵנִ֖ים עֵדִ֑ים יִתֵּן֩ ה֨’ אֶֽת־הָאִשָּׁ֜ה הַבָּאָ֣ה אֶל־בֵּיתֶ֗ךָ כְּרָחֵ֤ל ׀ וּכְלֵאָה֙ אֲשֶׁ֨ר בָּנ֤וּ שְׁתֵּיהֶם֙ אֶת־בֵּ֣ית יִשְׂרָאֵ֔ל וַֽעֲשֵׂה־חַ֣יִל בְּאֶפְרָ֔תָה וּקְרָא־שֵׁ֖ם בְּבֵ֥ית לָֽחֶם׃ יב וִיהִ֤י בֵֽיתְךָ֙ כְּבֵ֣ית פֶּ֔רֶץ אֲשֶׁר־יָֽלְדָ֥ה תָמָ֖ר לִֽיהוּדָ֑ה מִן־הַזֶּ֗רַע אֲשֶׁ֨ר יִתֵּ֤ן ה֙’ לְךָ֔ מִן־הַֽנַּעֲרָ֖ה הַזֹּֽאת׃
Capítulo 4, 1-12
(1) Boaz subió a los portones de la ciudad, el lugar donde se sentaba el Bet Din (tribunal de sabios), y se sentó allí. Su intención era llamar al pariente más cercano para ofrecerle la posibilidad de casarse con Rut. Y he aquí, ocurrió por Providencia Divina algo poco común: justo pasaba por allí el pariente del que Boaz había hablado. Entonces Boaz le dijo: “Desvíate un momento y siéntate aquí, fulano de tal”, y el hombre se desvió de su camino y se sentó en el lugar del tribunal.
(2) Boaz reunió a diez hombres de entre los ancianos de la ciudad y les dijo: “Siéntense aquí”, y ellos se sentaron. Esto lo hizo porque en la Torá está escrito: “No entrará un amonita o moabita en la congregación de Hashem… ni hasta la décima generación, eternamente” (Debarim 23:4). Hasta esa generación se pensaba que esa prohibición también aplicaba a las mujeres moabitas y amonitas. Pero Boaz había aprendido de sus maestros que esta halajá se aplica solamente a los hombres —el “amonita” o “moabita”— que no tomen mujeres judías. Pero a una mujer amonita o moabita le está permitido contraer matrimonio con un hombre de Israel. Él temía que, una vez que ya estuviera casado con Rut no le aceptarían su enseñanza, por sospechar que tenía un interés personal, por eso prefirió exponer la halajá mientras aún no era parte involucrada, ya que en ese momento Rut estaba destinada a “Tov”, el otro pariente. Y sólo si Tov la rechazaba, Boaz la tomaría como esposa. Además, quería que hubiese diez personas presentes para que pudieran pronunciar la bendición nupcial con el quorum adecuado de diez hombres.
(3) Entonces Boaz le dijo al pariente: “El terreno del campo que pertenecía a nuestro hermano Elimelej —es decir, la parte que corresponde a Naomí (porque Rut también recibió parte del terreno, por lo que le correspondía de su ketubá) — está en venta. Naomí, que ha vuelto de los campos de Moav, quiere venderlo”.
(4) “Y yo pensé, continuó Boaz — como no deseo que la heredad de nuestro pariente caiga en manos de un extraño – informarte esto y decírtelo para que, si deseas redimirlo, compres tú la parte que corresponde a Naomí, delante de los presentes y de los ancianos de mi pueblo. Porque tú eres el pariente más cercano. Entonces, si lo quieres redimir, redímelo. Y si no deseas redimirlo, dímelo, para saberlo, pues no hay otro más cercano que tú, y después de ti estoy yo”. Tov, el pariente respondió: “Yo lo redimiré”.
(5) Entonces Boaz le explicó que no se trataba sólo de comprar el terreno de Naomí, sino también de adquirir el terreno que correspondía a Rut por su ketubá (contrato matrimonial). Pero, a diferencia del terreno de Naomí que se redimía con dinero, el de Rut sólo podía adquirirse casándose con ella, como parte de la ley del ibum. Boaz le dijo: “El día en que adquieras el campo de manos de Naomí, y de Rut la moabita también deberás tomar a Rut, esposa del fallecido, para perpetuar el nombre del difunto sobre su heredad, que sea registrada en nombre del fallecido”.
(6) El pariente respondió: “Por cuando no puedo redimirlo para mí, al sólo adquirir el terreno, pues estaría obligado a casarme con Rut y temo que eso arruinaría mi herencia”. No deseaba que la propiedad llevara el nombre del difunto, sino el propio, ni tampoco casarse con una moabita, pues pensaba que incluso las mujeres moabitas estaban prohibidas para los yehudim. Él temía que, al casarse con ella, los hijos que nacerían serían considerados ilegítimos. Por eso le dijo a Boaz: “Redime tú mi derecho, porque yo no puedo redimirlo”.
(7) En los tiempos antiguos en Israel, cuando se trataba de redimir una propiedad o de hacer un cambio legal, para confirmar todo, el hombre se quitaba un zapato y se lo daba a su compañero. Esto servía como certificado válido en Israel y era un testimonio de confirmación de cualquier transacción.
(8) Así que el pariente le dijo a Boaz: “Adquiere tú mi derecho en la redención del patrimonio de Elimelej”, y se quitó el zapato como señal de que renunciaba a su parte.
(9) Entonces Boaz dijo a los ancianos y a todo el pueblo allí presente: “Ustedes son testigos hoy de que he adquirido todo lo que pertenecía a Elimelej, y también lo que era de Majlón y de Kilyón, de manos de Naomí”.
(10) Y los invitó a un testimonio adicional, agregando: “Y también a Rut la moabita, esposa de Majlón, la he adquirido por esposa” —la llama aquí “esposa de Majlón” porque, al necesitar del ibum, aún se considera ligada espiritualmente a su difunto esposo, hasta que se realice el ibum— “para perpetuar el nombre del difunto sobre su heredad, y que no se borre el nombre del difunto de entre sus hermanos ni de los portones de su lugar. Ustedes son testigos hoy de esto”.
(11) Y respondieron todo el pueblo que estaba en los portones, y los ancianos: “Somos testigos”. Y agregaron tres bendiciones: Que Hashem conceda que la mujer que entra a tu casa sea como Rajel y Leá, quienes ambas construyeron la Casa de Israel. Y aunque ellas eran hijas de Labán el malvado, por cuanto tuvieron el mérito de casarse con Yaakov Avinu y entrar a su hogar, se convirtieron en matriarcas de todo Israel. Así también Rut la moabita, aunque es conversa, como ha entrado a la casa de un hombre justo como tú, merecerá construir un hogar fiel en Israel. Y bendijeron también al mismo Boaz: Haz proezas en Efrat (como fue explicado antes, que los miembros de su familia eran descendientes ilustres de Efrat, la esposa de Kalev ben Yefuné), y hazte renombre en Bet Lejem – que se difunda tu nombre en honor a tu lugar.
(12) Y agregaron bendición para los hijos que habrían de nacerle de ella,
que, aunque nacerán por medio del ibum y serán llamados por el nombre del fallecido, de todos modos, serán considerados como suyos. Y sobre esto dijeron:
Sea tu casa como la casa de Peretz, que Tamar dio a luz a Yehudá, ya que también allí el nacimiento fue en el marco del ibum de Er y Onán y, sin embargo, Peretz fue atribuido a Yehudá. También aquí, los hijos que tengas de la descendencia que Hashem te dará de esta joven serán considerados tuyos.

