Pero la agilidad continua al comienzo de la obra, es que al aferrarse a un precepto se apresure a completarlo y no trate de aliviarse de él como quien espera descargar un pesado fardo sobre si, sino por el temor de no concluirá.
Y sobre esto nos advirtieron reiteradamente nuestros sabios, diciendo todo el que comienza un precepto y no lo concluye despedirá a su esposa e hijos y así dijeron, todo precepto se denomina en nombre de quien lo realiza. Y dijo el rey Salomón, observaste un hombre diligente en sus ocupaciones. Delante de reyes se presentará y no delante de hombres obscuros.
Y nuestros sabios le aplicaron a el Salomón esta alabanza, por apresurarse en la tarea de construir el Templo y no se demoro en concluirlo, y asimismo comentaron acerca de Moisés nuestro maestro al apresurar la conclusión del tabernáculo.

