Y si objetara que Nuestros Sabios obligaron a la persona a cuidarse a si mismo extremadamente y no colocarse a si mismo los peligros aun siendo recto y poseedor de buenas obras y dijeron, todo está en manos del cielo, excepto el resfriamiento, y está escrito, guardad mucho de vuestra alma y aun dijeron para el cumplimiento de los preceptos. Pero sabrás, que hay temores y temores. Hay un temor digno y un temor tonto, hay confianza y libertinaje. Porque el Señor, Bendito Sea, creo la persona con razonamiento correcto y raciocinio evidente para conducirse por la buena senda y cuidarse de las cosas que lo perjudican y que fueron creadas para los limpios y su castigo, y quien no quiera encaminarse por los senderos de la sabiduría y quedar librado a los peligros, no es seguridad sino libertinaje, y aun se lo considera pecador en tanto se opone a la voluntad del Señor, Bendito Sea, que le exige cuidar su alma. Y encontramos que aparte del peligro impreso al que está expuesto por falta de cuidado, inculpa su propia alma al pecar, lo que ya lo hace merecedor de castigo.

