La Divina Inteligencia sopesó todas aquellas falencias intrínsecas en la naturaleza humana ante todas aquellas cosas excelsas y elevadas que requiere para alcanzar la cercanía de Dios y disfrutar de Su bien y estableció cierto orden y restricciones que al ser observados incorporarán en él todo aquello que necesita para alcanzar la verdadera excelencia y apartarán de él aquello que lo aleje del apego a Dios.
Y si no existiese el decreto de la muerte, todas estas acciones potenciarían el alma y debilitarían la obscuridad que gobierna al cuerpo, purificándolo totalmente y así ambos se elevaran hacia las cercanías de Dios. Empero debido a este decreto, todo ello no puede ocurrir en forma inmediata; sin embargo el alma se eleva a si misma y el cuerpo experimenta una purificación potencial – aunque la misma no se materializa- llevando al hombre a un estado de perfección potencial que, en el momento propicio se expresará.

